La adolescencia es una etapa de la vida de transición en la que abandonamos la infancia para transformarnos en adultos. En este camino nos enfrentamos a muchos cambios, que a veces aparecen de manera abrupta como por ejemplo los cambios físicos, los desbalances hormonales, las nuevas vivencias. Generalmente hay un equilibrio que se rompe.

Psicológicamente el adolescente comienza a buscar su identidad, necesita saber quién es. En este camino muchas veces quiere experimentar cosas nuevas, romper lo establecido y en el afán de destruir lo que tenía para construir algo nuevo puede ser cruel con su familia y meterse en situaciones de riesgo (droga, alcohol, malas influencias..).

Para los padres es muy doloroso aceptar  que dejaron de ser los héroes de sus hijos para transformarse en personas criticadas y llenas de defectos. Y es ahí cuando empiezan las confrontaciones entre padres e hijos.

Los cambios van muy rápido, no hay tiempo para elaborar, procesar y entender lo que está pasando. Los padres muchas veces se sienten frustrados, heridos y muy triste, es una situación que se les escapa y no saben qué hacer. Por otro lado, los hijos sienten mucha rabia e incomprensión, porque en el fondo ni siquiera ellos mismos se entienden. Es un periodo que se caracteriza por muchas contradicciones, a pesar de querer ser independientes, no son responsables y necesitan de sus padres para poder desarrollarse.

Hay que pensar que solo es una etapas, llega un punto en que la persona se  da cuenta que necesita de los referentes familiares para poder construir una identidad nueva, es en ese momento cuando los conflictos se acaban, la adolescencia termina y comienza la edad adulta. Mientras tanto el adolescente necesita mucho amor y paciencia. Sin embargo, a veces necesitamos un terapia psicológica  para poderlo manejar de una buena manera.