El abuso sexual en niños tiene consecuencias graves en su desarrollo, las cuales se agravan si los padres o las personas responsables del infante, al saber que ha sido abusado, no hacen nada,  no le creen al niño o deciden ocultar la situación, vivir como si nada ha ocurrido.

La primera consecuencia directa frente a una violación es la pérdida de confianza en los adultos y en el mundo que debe protegerlos. Si vamos más allá, es perder la confianza en la norma y en  la sociedad. Si el entorno no actúa de la manera correcta,  hay algo que se rompe, se destroza en el niño con respecto a los demás y a sí mismo, lo cual pone en peligro su propia vida y su desarrollo futuro.

La relación del niño y los padres es la base para construir una identidad basada en la confianza. La mirada amorosa y confiable de los padres, la posición de escucha y compresión, las normas claras y justas basadas en el respeto de sí mismos y de los demás,  son  los cimientos  para tener una buena imagen de sí mismo. Cuando los padres satisfacen las necesidades de un niño, este puede crear un lazo de confianza  y respeto en el otro, lo cual es el fundamento  para tomar riesgos posteriores.

Si un niño ha sido abusado, aunque pudo haber creado un lazo de confianza con un adulto  en sus primeros años de vida, la confianza se rompe en el momento de un abuso.   Para recuperar la, es indispensable escuchar y  proteger al niño, apartarlo inmediatamente y  para siempre del agresor y denunciar el evento en la justicia, tener un seguimiento psicológico para que poco a poco pueda reconstruir lo que se quebró.

 Si no se marca un límite claro y rígido frente al abuso sexual del niño, es mucho más difícil volver a creer en los padres, en la norma y en la sociedad. Sin estos pilares fundamentales para estructurar de manera estable al sujeto, la persona se desmorona, puede entrar en procesos de depresión, tendencias suicidas,  disminución del rendimiento escolar, abandono escolar,  dificultad para sociabilizar, fracasos repetitivos, drogas, delincuencia, prostitución,  …

El hecho de pasar por un juicio tiene un valor simbólico importante en la víctima que asegura y tranquiliza. Si el niño se siente protegido y se hace justicia, tendrá nuevas posibilidades de creer en la sociedad y en los adultos y diferenciar lo que está bien de lo que está mal.  Lastimosamente la mayor parte de violaciones que sufren los niños son hechas por personas de la propia familia, lo cual hace que sea más difícil hacer lo correcto: denunciar y juzgar al agresor. Generalmente son eventos que quedan en el silencio, transformándose en secretos familiares, ocultos y destructivos. Muchas veces, la víctima, por prohibición de sus propios padres, no puede hablar de lo sucedido con nadie, tiene que enfrentar su angustia, su dolor, totalmente sola y desprotegida.

En esta situación el niño pierde la capacidad de expresarse y de sentirse escuchado. Tienen  que responder a las necesidades patológicas del agresor, sin la posibilidad de oponerse. Aprenden muy rápido a tragarse sus emociones (de ira, desesperación, miedo, tristeza, repugnancia,…), pues dentro de un ambiente patológico las apariencias son más importantes que hacer lo correcto. Esto destruye la imagen de sí mismo y la confianza en la vida.

Los niños que han sufrido violaciones y no han tenido el apoyo de sus padres generalmente tienen  dificultades escolares, no logran concertarse,  toda su energía gira en torno al evento traumático. En muchos casos hay un abandono de los estudios, y posteriormente dificultad para conseguir trabajos estables ya que desarrollar competencias profesionales  exige un mínimo de confianza en sí mismo.

Las personas que han sufrido un abuso sexual de niños tienen también dificultades en la adaptación social, tienden  a ser aislados, agresivos, introvertidos. En la vida adulta, la sexualidad puede transformarse en un problema.

En ciertos casos, el despertar la sexualidad de manera malsana y precoz puede conllevar a tener problemas de dependencia (alcohol, drogas,….). Ciertos casos evolucionan hacia la prostitución. Las adicciones o le sexo se transforman en maneras rápidas de satisfacción para huir de un vacío interior. La sexualidad no se vive de una manera normal, basada en el respeto, el amor y  la igualdad. Esta idea se pervierte. Puede haber una identificación al agresor, lo que transforma a la víctima en agresor a su vez.

Existen también ciertos sentimientos que se mantienen a lo largo de la vida que son característicos de una persona abusada sexualmente en la infancia: sentimiento de vergüenza, de culpabilidad, de soledad, de  inseguridad y angustia

En conclusión podemos constatar que el abuso sexual en menores provoca heridas psicológicas profundas que repercuten en el desarrollo de la personalidad. La alternativa más sana después de este evento traumático es proteger al  niño para que el problema no se agrave en el futuro. Denunciar al agresor frente a la justicia tiene un peso simbólico importante que ayuda a superar el evento. Por otro lado, la ayuda psicológica puede ser de gran beneficio tanto para los padres como para la víctima.